La actividad económica muestra nuevas señales de desaceleración, mientras el riesgo país volvió a ubicarse por encima de los 700 puntos. El presidente Javier Milei reconoció que los indicadores no evolucionan tan favorablemente como esperaba el Gobierno. En paralelo, el Banco Central continúa comprando dólares, aunque los bonos soberanos y las acciones argentinas registraron bajas.
La economía argentina atraviesa un escenario de señales contrapuestas. Mientras el Banco Central continúa comprando dólares y acumulando reservas, los activos financieros volvieron a deteriorarse y el riesgo país superó nuevamente los 700 puntos.
En paralelo, distintos indicadores muestran dificultades para sostener el ritmo de actividad. El consumo permanece débil, la industria acumula retrocesos y las empresas señalan a la falta de demanda interna como uno de los principales obstáculos para crecer.
En este contexto, el presidente Javier Milei reconoció que los indicadores económicos no están evolucionando “tan positivamente como esperábamos en un primer momento”.
La declaración se produjo en un escenario en el que los mercados comenzaron a reflejar mayores dudas sobre la capacidad del Tesoro para afrontar sus compromisos en moneda extranjera, pese a la acumulación de reservas por parte del Banco Central.
El riesgo país volvió a superar los 700 puntos
El indicador elaborado por JP Morgan registró una suba del 5,2% y cerró en 709 puntos básicos.
El incremento se produjo junto con una nueva caída de los bonos soberanos argentinos denominados en dólares, que prolongaron la tendencia negativa de las últimas jornadas.
Las acciones argentinas también registraron bajas tanto en la Bolsa porteña como en Wall Street, en un contexto internacional menos favorable para los activos de mercados emergentes.
Para el Comité de Inversiones de Criteria, la evolución de los mercados muestra una divergencia entre la acumulación de reservas del Banco Central y la percepción sobre la capacidad de pago del Tesoro.
El análisis plantea que los inversores continúan observando especialmente la capacidad del Gobierno para conseguir los dólares necesarios para afrontar los próximos vencimientos de deuda, además de mantener abiertas fuentes alternativas de financiamiento.
El Banco Central continúa acumulando reservas
Mientras los bonos pierden valor, el Banco Central mantiene su estrategia de compra de divisas.
Uno de los factores que favoreció la acumulación de dólares fue el desempeño del comercio exterior. En septiembre, las exportaciones superaron por primera vez los US$ 10.000 millones mensuales y alcanzaron un nuevo máximo histórico.
El crecimiento respondió tanto a una mejora de los precios, que avanzaron 16,4%, como de los volúmenes exportados, que aumentaron 6,1%.
Las importaciones, en cambio, alcanzaron unos US$ 7.060 millones y registraron una fuerte contracción en las cantidades físicas, con una caída del 11,2%.
El comportamiento refleja una economía con un saldo comercial favorable, aunque también expone una menor demanda interna de bienes importados.
Consumo y demanda interna, entre las principales dificultades
Los indicadores empresariales muestran que la demanda interna continúa siendo uno de los principales problemas para las compañías.
En supermercados y autoservicios mayoristas, el Indicador de Confianza Empresarial se ubicó en -4,3%. Además, la evaluación de la situación comercial de septiembre presentó un balance negativo de 31,4 puntos porcentuales.
La falta de demanda fue señalada como el principal factor que limita el crecimiento por el 66,3% de las empresas consultadas. Tres meses antes, esa proporción había sido del 61,4%.
El escenario también se refleja en la industria.
Según los datos relevados por el INDEC, el 54% de los empresarios y directivos del sector identificó a la demanda interna insuficiente como el principal obstáculo para aumentar la producción.
Tres meses atrás, esa respuesta había alcanzado al 52,1%.
Las expectativas tampoco muestran una mejora contundente. Para el último trimestre del año, el 12,7% de los consultados esperaba un aumento de los pedidos provenientes del mercado interno, mientras que el 24,3% anticipaba una disminución.
La industria acumula una caída
Los datos de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) también reflejan un deterioro de la actividad manufacturera.
Según la entidad, la producción industrial cayó 2,9% en septiembre en comparación con el mismo mes del año anterior.
De esta manera, la actividad industrial acumuló una contracción del 1,4% durante los primeros nueve meses del año.
El dato se suma a otros indicadores que muestran que la recuperación económica perdió fuerza y que algunos sectores enfrentan dificultades para sostener los niveles de producción.
Pérdida de poder adquisitivo en salarios y jubilaciones
El deterioro también aparece en los ingresos de trabajadores y jubilados.
Según un análisis del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), los empleados públicos nacionales acumulan una pérdida equivalente a 9,9 salarios de noviembre de 2023.
En el caso de los empleados públicos provinciales, la pérdida equivale a 3,6 salarios del mismo período.
Para los jubilados que perciben el haber mínimo más el bono, IARAF estima una pérdida equivalente a 2,2 ingresos de noviembre de 2023.
El instituto calculó además que, para que el bono mantuviera el poder adquisitivo que tenía en noviembre de 2023, debería ubicarse actualmente en $164.000, frente a los $70.000 vigentes.
Un escenario de señales cruzadas
La economía argentina muestra así un escenario de contrastes.
Por un lado, el Banco Central acumula reservas, las exportaciones alcanzaron niveles récord y el Gobierno mantiene una estrategia orientada al equilibrio fiscal y la estabilidad cambiaria.
Por otro, la actividad industrial retrocede, el consumo enfrenta una demanda interna debilitada y los ingresos de distintos sectores continúan perdiendo poder adquisitivo.
En los mercados, esa combinación se traduce en una mayor cautela. La suba del riesgo país y la caída de los bonos soberanos muestran que la acumulación de reservas todavía no se traduce en una mejora equivalente de la percepción sobre la solvencia del Estado argentino.
La evolución de los próximos meses dependerá, en buena medida, de la capacidad del Gobierno para sostener la acumulación de divisas, recuperar el nivel de actividad y garantizar el financiamiento de los compromisos externos.
